Yo y mi cambio de hábitos

Se puede decir que soy una mujer chubby. Sí, desde que tengo 18 años me he estado peleando con mi peso y la realidad es que es todo un cúmulo de hábitos y desidia, pero sobre todo falta de información.

Vengo de una familia de tragones y cuando digo tragones me refiero a frases como: “Ensalada sólo se come en casa”, “¡Ay hombre!, ¿qué son dos cucharadas de cajeta?” o ir a un restaurante chino y pedir 8 platos para compartir porque hay que probar de todo. Somos una familia en la que la comida envuelve todo un ritual de disfrute maravilloso

También comparto ese gusto por la comida con mi esposo a quien literal le gusté por mi, ya famoso, pan de plátano. Cuando tengo tiempo cocino lo que le gusta o hacemos cosas juntos que queremos aprender a cocinar. Ya saben, tengo la máquina de pan, la de helado, la de pasta, cinco mil quinientos moldes de pasteles, galletas y demás.

Además, en mi caso muy particular no soy muy activa, odio el ejercicio, siempre lo he odiado y no creo que nunca le agarre el gusto. Esa relación hace mucho se rompió y no se va a reparar fácilmente.

Así que haciendo las matemáticas el resultado es bastante lógico; muchas calorías + nada de ejercicio= chubbiness.

Lo chistoso es que yo la verdad no me veo ni me siento mal. ¿Saben cómo hay personas que aunque pesen 5 kilos se ven al espejo y se ven gordas? Pues a mí me pasa lo contrario, me veo al espejo y me veo guapa y me siento bien. No es hasta que veo una foto, me pruebo ropa o alguien se echa uno de esos maravillosos comentarios como “Hace cuántos kilos que no te veo”, o la primera frase que me dijo mi hermano a los 18 años y la cual me dio el primer indicio de que algo no estaba bien; “Eres mis dos hermanas favoritas”.

He pasado por n mil dietas, acupuntura, y cuanta cosa promete que tendré el cuerpo de cuando tenía 15 años. En algún punto lo logré y bajé 16 kilos como en 3 meses después de casarme porque ¡Ah! Cómo le dimos vuelo a la hilacha. Pero lo hice con unas pastillas “maravillosas” que me quitaban el hambre. El resultado: duré en ese peso 1 mes y poco a poco lo fui recuperando, además de fregar mi metabolismo lo que hace que ahora me cuesta el doble bajar de peso y mantenerlo.

Hoy, 17 años y una bebé hermosa después sigo siendo chubby y ¿saben qué?, así me caigo bien. Obviamente no estoy diciendo “¡que venga el puerco!”, pero sí que todo el estrés y conciencia que le dedico a cuántas calorías me comí, a ¡no manches me comí la pizza! a preocuparme desde que me despierto hasta que me duermo por lo que no debo comer, a pensar que con los hábitos que he llevado mis 35 años cambian en un día, a pensar que tengo que hacer lo que sea para ser talla 6. Todo, toda esa energía la quiero dedicar a otras cosas.

Así que en vez de hacer resoluciones de fin de año sólo me tracé un objetivo: Estar sana. Me di cuenta que aunque con los años he ido cambiando y mejorando mis hábitos alimenticios, me faltaba mucho para realmente llevar una alimentación sana.

Hace mucho tiempo trabajé en una compañía de alimentos, en el área de investigación de mercados y como parte intrínseca de mi chamba me “enteraba” de cómo estaban hechas muchas de las cosas que comía, de lo cambiada que estaba la comida de cuando yo era niña. Durante este tiempo leí, analicé y expliqué mucha información de productos de n mil marcas donde me enteré de que le cambiaron la leche por sustituto de leche para bajar costos, que le agregaron jarabe de alta fructosa para que aguante más, que si el chocolate lo cambiaron por grasa vegetal sabor a, etc.

Osea, nuestra comida ya no es tan comida, sino una mezcla de ingredientes creados en laboratorio que no tenían nada que ver con el Gansito o las Canelitas que me comía cuando tenía 10 años.

Después me interesó cada vez más investigar y leer acerca de estos cambios en la comida y más cuando empezaron a salir tantas enfermedades que antes no escuchaba tanto: acidosis, déficit de atención, niños con gastritis a los 3 años de edad y sobre todo tanto cáncer. Y no me lo tomen a mal, la cosa es que cuando se dieron todos esos cambios en la industria, ni los mismos fabricantes sabían los efectos a largo plazo. Pero ahora ya hay mucha información y ya sabemos lo que todas estas sustancias hacen; poco a poco nuestro cuerpo vaya cambiando para tener que asimilar cosas que no está programado para asimilar.

Así que poco a poco he ido cambiando lo que comía.

¡OJO!, no estoy diciendo que me convertí en vegana, porque es un proceso lento, pero sí poco  a poco dejé de comer muchas cosas para bajarle a mi consumo de cosas con “caca”, con cosas tan chiquitas como cambiar mi marca de cátsup por una que no tuviera tanta azúcar, y por lo menos algo de tomate, cocinar con aceites como el de coco, aguacate y uva que tienen mil beneficios, no comer endulzantes artificiales (te extraño Splenda) o no volver a comprar galletas o pastelitos comerciales nunca y tratar de hacerlos en casa, comer harinas integrales, mermeladas artesanales. Obvio, hay cosas que me están costando más trabajo como la Coca Light.

Cuando nació mi hija decidí hacer un cambio mucho más fuerte, pues ella está “nuevecita” y no tiene por qué heredar mis malos hábitos. Así que todo lo que ella come lo hago yo y eso me ha llevado a mejorar mis hábitos aún más. Ya saben, eso de que le diga que no coma Rancheritos mientras yo me los empaco no aplica.

Así que empecé a hacer el pan, las papillas, los cereales, el helado y cuanta cosa me da tiempo de hacer.

A finales del 2013 revisé qué tanto había cambiado mis hábitos y concluí que no era suficiente; me falta comer todas las porciones de frutas y verduras que debo consumir, seguía comiendo cosas que no son saludables ni nutritivas y mi peso estaba igual. Hablé con mi esposo y le dije que iba a empezar a cambiar más cosas, que él era bienvenido a unirse y ¡hasta hoy lo ha hecho re bien!

Empezamos el 2014 limpiando la despensa, muy a mi y su pesar. Adiós Oreos, Rancheritos, Pop Tarts, embutidos, Coca Light, galletas, pan Bimbo, Activias, Froot Loops y Corn Pops.

Empezamos a hacer una rutina en la mañana para alcalinizar nuestro cuerpo (luego les platico) y poco a poco irnos desintoxicando, estamos tomando muchos jugos verdes, estamos cambiando toda la fruta, verdura, carne, cereales, huevo y lo que podemos por orgánico y productos libres de GMO’s (Cosas modificadas genéticamente). Estamos buscando constantemente fuentes buenas de información y proveedores, porque aunque queremos una vida sana, no queremos comer pasto todo el tiempo.

También encontré a una health coach maravillosa en internet que se llama Valeria Lozano y tiene un sitio súper padre, amigable y la cual les recomiendo muchísimo que se llama Hábitos en donde he obtenido información súper buena de recetas, productos, marcas y tips para ayudarme en este cambio paulatino.

Otra persona que me ayudó muchísimo es una amiga del trabajo que se llama Gaby y que lleva ya 2 años con su propio cambio de hábitos y me ha motivado e informado mucho para que no lo vea como si me estuviera volviendo un rumiante. ¡Gracias Gaby!

En estos ya dos meses en que estoy más dispuesta y activa en hacer este cambio de hábitos, he notado mejoras importantes;

–           NUNCA en mis 35 años de vida había comido tanta verdura, tengo 5 canastas de fruta y verdura en mi cocina que relleno cada semana.

–          Busco y hago recetas más sanas como mis galletas de aceite de coco y chocolate, o mis pizzas de masa de calabaza, o mis hot cakes de plátano y avena que pronto subiré a este blog (cuando compre una cámara que tome fotos que valgan la pena).

–          También mi enana come súper bien, desde croquetas de quinoa con kale hasta ceviche de pescado orgánico con mucha verdura, y

–          Hasta mi marido el escéptico de mis locuras le ha entrado con todo.

–          Duermo mucho mejor,

–          Me siento bien de la panza,

–          Mi piel se ve más bonita

–          Me he deshinchado bastante.

¡Ojo! Otra vez: esto no significa que vaya a bajar de peso en 3 meses, pero si sigo con estos cambios, naturalmente llegaré a un peso sano, pues estoy eliminando cosas que mi cuerpo no puede asimilar.

Ahora lo que sigue para mí, es empezar a moverme. La verdad en este tema del ejercicio no me exijo mucho, pero pian pianito estoy segura que avanzaré mejor.

En estos días ese es un tema al que le dedico mucho tiempo, ya que aunque vivo en la Ciudad de México y hay muchas cosas aquí, encontrarlas todas me ha costado tiempo, dinero y esfuerzo, pero ¡ahí voy!

Ya les platicaré cómo avanzo en ese tema y si tienen cualquier sugerencia, pues ¡Bienvenida!

Coman rico y descansen lo que queda de este fin.

 

 

You could say I am a chubby woman. Yes, ever since I was 18 years old I’ve been struggling  with my weight and the truth is it is because of a bunch of habits, procrastinations, and above all a lack of information.

I come from a family of good eaters, and when I say good eaters I refer to phrases like: “You only eat salad at home”, or “how bad can two spoons of cajeta be?” or going to an Asian restaurant and ordering 8 different dishes because we try a bit of everything. We are a family in which food is a very wonderful enjoyment ritual.

I also share my passion for food with my husband, whom literally started liking me because of my, now famous, banana bread. Whenever I have time I cook for him what he likes or we cook together whatever we want to learn. You know the drill, I have the bread, ice cream and pasta machines, as well as hundreds of cake pans, cookie cutters and so on.

Also, in my case I wouldn’t describe myself as a really active person. I hate exercising and I don’t think I will every like it. That relationship broke a long time ago and I don’t think it can be repaired easily.

So, basic math give us a very logical result; a lot of calories + not much exercise = chubbiness.

The funny thing is that I don’t look at myself and see someone fat and I don’t really feel bad about my weight. You know how there are people that even if they weight 10 kilos (22 lb.) they look at the mirror and feel fat? Well, the exact opposite happens to me. I look at myself in the mirror and I feel beautiful and feel good. It is not until I look at pictures, try clothes on or hear phrases such as: “How many kilos ago did we last see each other?” or the phrase my brother told me when I was 18 that I first thought something might be off; “You are my two favorite sisters”.

I have put myself into a thousand diets, acupuncture, and tried all sorts of things that promise to give me back my 15 year old body. At some point I did lose 16 kilos (35 lb.) in about 3 months, but I did it by taking these “wonderful” pills that ended up messing with my metabolism, which now translates into a much slower one, and it really takes tears, sweat and blood to loose and keep my weight.

Today, 17 years and a beautiful, wonderful baby later I am still chubby, and you know what? I like myself this way. I am not saying “let the kilos come”, and I am very aware of the effect being overweight can do to my health in the long term, but I AM saying that all that time I spend stressed out about counting calories, thinking that eating pizza is evil and worrying about what I am going to eat from the moment I wake up, will be of better use doing other stuff.

So, instead of making New Year’s resolutions I set one goal to myself: To be healthy. I realized that even when I have changed and improved my habits, I still need to make more important and effective changes to achieve a truly healthy diet.

A long time ago I work in a very large food company in market research and as part of my responsibilities I had to know about how many, many products I myself ate are being made. I realized how changed all these food products had changed from when I was a child. For the time I worked there (3 years) I read, analyzed and explained loads of information about how they substituted milk for vegetable oil to cut costs, how they added high fructose syrup to increase shelf life, how chocolate is so expensive they had to change it for some strange fat with artificial flavoring and so on.

In other words, our food is not food, food, but it is a mix of ingredients created in a lab that have nothing to do with the twinkies or biscuits I ate when I was 10.

I started getting more and more interested as I started hearing about all these “weird” diseases I didn’t hear when I was a child: acidosis, gastritis in 3 year olds and above all cancer. And don’t get me wrong, a lot of it happened because technology and innovation happened and not even the people who created it knew about the effects it would have on our bodies. But now, we do know, there is information, and we know live with the effects of forcing our bodies to assimilate substances it is not design to assimilate.

So, I started changing what I ate little by little. I am not saying I went vegan, but I did stop eating some stuff to decrease the amount of shit I put into my body. I starting with things as little as changing the brand of my ketchup to one that had less or no sugar, and at least some amount of tomatoes, cooking with coconut, avocado and grape seed oil that have many benefits, eliminate artificial sweeteners (I miss you Splenda) or never buying commercial cookies and pastries, eating whole-wheat flours, artisanal jams and things of the sort. I still struggle with things like Diet Coke and Kisses.

When my daughter was born (20 months ago), I decided to take a bigger step since she is brand “new” to this world and has no hand in my bad habits. So, I cooked everything she ate, from bread to ice cream to purees. And in return I improved my habits even more, since it is not cool to tell her to not eat Cheetos while I gobble them down.

At the end of 2013 I did a recap of how well I had accomplished being healthier and I realized that I still had a long way to go; I still had a hard time eating all my veggies and fruit portions, seeds and good proteins.

We started 2014 cleaning our pantry and getting rid of so much stuff (mostly my husband’s, whom decided to join me in being healthier for our daughter): We said goodbye to Oreos, Lays, Pop tarts, cold cuts, Diet Coke, biscuits, commercial sandwich bread, Activias, Froot Loops and Corn Pops.

We also started following a morning routine to alkalinize our bodies and to start desintoxicating little by little. We now drink lots of green juices (and meet our veggies quota), and have switched to an almost completely organic diet and some (what we can find) GMO’s free products. We are constantly looking for shops, local products and brands to help us do this, because we still love food and don’t have it in us to actually quit eating some things.

I also found an amazing health coach through Facebook. Her name is Valeria Lozano and she has a very cool site Hábitos. In this site I have found great information, recipes, products and brands to help us with our habit change.

In this two months I have been more willing and proactive in being healthier, I have noted important improvements:

–          NEVER in my 35 years of life have I eaten this much veggies. Today I have 5 baskets full of fruits and vegetables that I have to refill every week.

–          I cook, bake and search for better and healthier recipes like my coconut oil and chocolate chip cookies, my oats, banana pancakes and my zucchini pizza crust recipes, which you will see in  this blog as soon as I get a camera that helps me have pictures worth your time).

–          My little munchkins is super healthy and a great eater.

–          I sleep much better,

–          My stomach and I have been having a much better relationship,

–          My skin looks so much better,

–          I don’t bloat anymore.

But again: this does not mean I will loose all that extra weight in 3 months, but if I continue to be constant, I will naturally get to a healthy weight, since I am eliminating things my body does not assimilate well.

What is next for me is to start moving, which I have decided to be patient about since it is not something that comes naturally to me.

Wish me luck!

2 Comments

  1. Rafael says:

    Este comentario es para enriquecer la publicación. Maca es mi esposa y ayudaré a que siga con su blog. De hecho, pienso participar en algunas de sus publicaciones para ir dando mi versión de lo narrado y, así puedan tener mayor perspectiva de lo publicado.

    Me voy a arrancar con un par de frases para darle realidad al tema. Va por ustedes porque es probable que algo de lo escriba aquí no sea muy popular dentro de nuestra casa jaja. Creo que es la idea de un blog.

    El cambio de hábitos a favor. Menos químicos innecesarios a favor. El shot de gengibre, mortales no lo hagan. En fin, por aquí andaremos para complementar algunos de los post que veremos por aquí.

    Saludos a todos!

    Like

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