
It’s a new year and somehow, we are already almost two months in since my last post. I hope you all had a peaceful, fun holiday season and a strong start to 2026.
Since it has been a while, a lot has been happening. Christmas and New Year’s were great. Exhausting, but great. The winter has been good, except for the last three weeks, where everything is so slushy and gloomy and we miss the sun.
January was full of fun things, including a Mexican dinner at this little place called Depanneur (worth it, check it out), where we sat at a communal table with 16 strangers eating mole and Mexican rice while the kids had a new and fun experience. There was also a book signing a friend invited me to. It was so much fun, I met great women and laughed a lot.
A week ago, I went to see Ina Garten present her memoir and had dinner at a charming little place, and just yesterday I took the kids to watch a ballet with lights. Yes, the costumes were actually lit up, and the kids loved it.
I also joined a book club. So yes, life is busy, fun, and moving.
The kids’ father has shown up. It almost seems like he has quietly decided that he is a father a few days every so many weeks and that is his role. Not without the occasional drama, of course.
He still moves through visits as if being disconnected from the day-to-day reality of parenting and all the responsibilities it entails does not really matter or change the role he thinks he plays. Very annoying to deal with a grown man playing make-believe and genuinely being surprised that he is not close to my kids.
The kids, as always, keep teaching and grounding me. They seem to have made peace with the situation. I used to worry I needed to help them, or cover for his issues, and they have shown me they do not need that anymore. They know their father comes when he comes, spends the agreed time with them, and then goes back to his own life. For now, this actually works for us because the kids are calmer when life is predictable, consistent, and reliable, which sadly does not come from him.
The latest super responsible act is that he will not be able to come stay with them while I take a four-day trip to Calgary with two friends next week. Naturally, a work emergency appeared. There is always an emergency so serious the company is always on the brink. Again. Over and over. That company seems to have more lives than a cat.
As usual, my friends stepped in to help so I can still go, while he continues solving this month’s emergency and going home to his girlfriend and her kid, with no real involvement in his own kids’ lives. It is not my job, or the kids’, to soften his inconsistency or reorganize our lives around sudden emergencies.
Our life keeps moving either way, and it has taken a lot of work from my children and me to get to this point. We have settled into a kind of controlled chaos that I actually love. School routine, work routine, our rhythm as a team of three, plus my ongoing dysautonomia management. Life is good, and right now that is more than enough.
Cooking is slowly coming back. Some weeks I feel inspired and try developing new recipes. Other weeks it is the classics the kids request on repeat. And sometimes, very honestly, it is takeout and sandwiches. Balance.
This recipe comes from one of those inspired days. Oven-roasted salmon brushed with a guajillo glaze, served over cheesy mashed potatoes with a side of creamed spinach. Comforting, simple, and with just enough heat.
For the mashed potatoes, remember the trick to avoid that gummy texture. Boil the potatoes until tender but still holding their shape. If they are falling apart in the water, they are already overdone. Drain them, then return them to the hot pot so the remaining moisture evaporates before mashing.
This time I made the creamed spinach using a shortcut version without a roux, and it worked perfectly for a weeknight.
These days the easy recipes are the ones calling me back into the kitchen. The more complicated ones, like beef Wellington, can wait for slower days when there is more time and less juggling.
Hugs,
Maca
Salmon in guajillo glaze over chipotle mashed potatoes and sauteed spinach

INGREDIENTS
3 servings
3 300 gr salmon fillets
2 tablespoons guajillo powder
1 teaspoon tomato paste
¼ cup avocado oil
2 tablespoons parmesan cheese
¼ teaspoon dry parsley
800 gr boiled potatoes
3 tablespoons salted butter
1 cup warm milk
2 teaspoons chipotle peppers in adobo (the ones in the can)
½ cup cheddar and monterrey jack cheeses shredded
400 grams baby spinach
½ cup finely chopped onion
3 tablespoons cream cheese
Avocado oil
Salt and pepper to taste
Pea shoots to serve
INSTRUCTIONS
- Preheat the oven to 200ºC
- Dry the salmon fillets as much as possible and arrange in a baking tray over a silicon mat
- Mix the tomato paste, guajillo powder, avocado oil, parmesan cheese and dry parsley.
- Brush the salmon filets with the guajillo paste mix and roast for 12 minutes or depending on you over until cooked but not dry
- While salmon cooks make mashed potatoes, by mashing the cooked potatoes
- Add butter, cheese, chipotle and warm milk to boiled potatoes mixing to incorporate everything and melt the cheese
- Season as you go by tasting salt, pepper and chipotle
- Add dry parsley and mix together
- Sautee onion with avocado oil
- Once the onion is translucent, add spinach and cook until wilted
- Add cream cheese and mix until well-integrated
- Season with salt and pepper to taste
- Serve a generous portion of mashed potatoes, salmon on top and spinach on the side
————————————————
Salmón en glaseado de guajillo sobre puré de papa con chipotle y espinaca salteada
Es un año nuevo y no sé cómo pero ya casi han pasado tres meses desde mi última publicación. Espero que todos hayan tenido una temporada navideña tranquila, divertida y un gran inicio de 2026.
Como ha pasado mucho tiempo, han pasado varias cosas. Navidad y Año Nuevo estuvieron increíbles. Cansados, pero increíbles. El invierno ha estado bien, excepto por las últimas tres semanas, donde todo está tan mojado, gris y extrañamos el sol.
Enero estuvo lleno de cosas divertidas, incluyendo una cena mexicana en un lugar bien chiquito llamado Depanneur (vale mucho la pena si viven en Toronto, chéquenlo), donde nos sentamos en una mesa comunal con 16 desconocidos comiendo mole y arroz mexicano mientras los niños vivían una experiencia nueva y divertida. También hubo una firma de libros a la que me invitó una amiga. Fue muy divertido, conocí mujeres increíbles y me reí muchísimo.
Hace una semana fui a ver a Ina Garten presentar sus memorias y cené en un lugar chiquito y delicioso, y apenas ayer llevé a los niños a ver un ballet con luces. Sí, los vestuarios literalmente estaban iluminados y a los niños les encantó.
También me uní a un club de lectura, que nunca había hecho. Así que sí, la vida está ocupada, divertida y avanzando.
El papá de los niños ha hecho sus apariciones. Casi parece que decidió que es papá unos cuantos días cada ciertas semanas y ese es su rol. No sin el drama ocasional, por supuesto.
Sigue viniendo en sus las visitas con actitud como si estar desconectado de la realidad diaria de la crianza y de todas las responsabilidades que implica no importara realmente ni cambiara el papel que cree que juega. Muy desesperante lidiar con un adulto jugando a fingir y realmente estar sorprendido de que sus hijos estén distantes.
Los niños, como siempre, siguen enseñándome y aterrizándome. Parece que han hecho las paces con la situación. Antes me preocupaba pensar que debía ayudarlos o tapar al papá para que no se sintieran mal, y me han demostrado que ya no necesitan eso. Saben que su papá viene cuando viene, pasa el tiempo acordado con ellos y luego regresa a su propia vida. Por ahora, esto en realidad funciona mucho mejor para nosotros porque los niños están más tranquilos cuando la vida es predecible, consistente y confiable, lo cual tristemente no viene de él.
El último chiste súper responsable es que me avisó apenas que no podrá venir a quedarse con ellos mientras yo hago un viaje de cuatro días a Calgary con dos amigas la próxima semana. Naturalmente apareció una emergencia de trabajo. Siempre hay una emergencia tan seria que la empresa está siempre al borde del colapso. Otra vez. Una y otra vez. Esa empresa parece tener más vidas que un gato.
Como siempre, mis amigas entraron al quite para que yo pueda ir de todas formas, mientras él sigue resolviendo la emergencia del mes y regresando a casa con su novia y el hijo de ella, sin involucrarse realmente en la vida de sus propios hijos. No es mi trabajo, ni el de los niños, suavizar su inconsistencia ni reorganizar nuestras vidas alrededor de emergencias mensuales, que en realidad se vuelven la norma.
Nuestra vida sigue avanzando de cualquier manera, y nos ha costado mucho trabajo a mis hijos y a mí llegar a este punto. Nos hemos acomodado en una especie de caos controlado que amo. Rutina escolar, rutina de trabajo, nuestro ritmo como equipo de tres, además de mi manejo continuo de la disautonomía. La vida está bien, y ahora mismo eso es más que suficiente.
La cocinada poco a poco está regresando. Algunas semanas me siento inspirada y trato de desarrollar hasta 4 recetas nuevas. Otras semanas son los clásicos que los niños piden una y otra vez. Y a veces, la neta, es comida para llevar y sándwiches. Balance.
Esta receta viene de uno de esos días inspirados. Salmón rostizado en horno barnizado con un glaseado de guajillo, servido sobre puré de papa con queso y acompañado de espinaca cremosa. Reconfortante, simple y con el picor justo.
Para el puré de papa, recuerden el truco para evitar esa textura chiclosa. Hervir las papas hasta que estén suaves, pero manteniendo su forma. Si se están deshaciendo en el agua, ya están sobre cocidas. Escúrrelas y regrésalas a la olla caliente para que la humedad restante se evapore antes de apachurrarlas.
Esta vez hice la espinaca cremosa con una versión rápida sin roux, y funcionó perfecto para una noche entre semana.
Estos días las recetas fáciles son las que me están llamando de regreso a la cocina. Las más complicadas, como el beef Wellington, pueden esperar a días más tranquilos cuando haya más tiempo y menos cosas que coordinar.
Abrazos,
Maca
Salmón en glaseado de guajillo sobre puré de papa con chipotle y espinaca salteada
INGREDIENTES
3 porciones
3 filetes de salmón de 300 g
2 cucharadas de polvo de guajillo
1 cucharadita de pasta de tomate
¼ taza de aceite de aguacate
2 cucharadas de queso parmesano
¼ cucharadita de perejil seco
800 g de papas cocidas
3 cucharadas de mantequilla con sal
1 taza de leche tibia
2 cucharaditas de chipotle en adobo
½ taza de quesos cheddar y monterrey jack rallados
400 g de espinaca baby
½ taza de cebolla finamente picada
3 cucharadas de queso crema
Aceite de aguacate
Sal y pimienta al gusto
Brotes de chícharo para servir
INSTRUCCIONES
- Precalentar el horno a 200 ºC.
- Secar los filetes de salmón lo más posible y acomodarlos en una charola sobre un tapete de silicón.
- Mezclar la pasta de tomate, el polvo de guajillo, el aceite de aguacate, el queso parmesano y el perejil seco.
- Barnizar los filetes de salmón con la mezcla de guajillo y hornear durante 12 minutos o el tiempo necesario hasta que estén cocidos sin resecarse.
- Apachurrar las papas cocidas para comenzar el puré mientras se cocina el salmón.
- Agregar la mantequilla, los quesos, el chipotle y la leche tibia a las papas y mezclar hasta integrar y que se derrita el queso.
- Sazonar probando conforme se mezcla con sal, pimienta y chipotle.
- Agregar el perejil seco y mezclar.
- Saltear la cebolla con aceite de aguacate.
- Añadir la espinaca cuando la cebolla esté transparente y cocinar hasta que se reduzca.
- Incorporar el queso crema y mezclar hasta integrar.
- Sazonar con sal y pimienta al gusto.
- Servir una porción generosa de puré de papa, colocar el salmón encima y acompañar con la espinaca al lado.