Mini lamb meatballs/ Mini albóndigas de cordero

By Maca
30 November, 2025

Remember how, from 2017 to 2022, I used to post at least once a week? Yeah, me too.

It’s crazy how things change, and I’ve been trying to figure out why I’m not as invested in cooking as I’ve been for… basically my whole life.

I have a long list of pretty solid reasons: long Covid (which sucked lemons), moving to Canada, a massive family crisis that dragged on for two years, and, of course, the end of my marriage. But the real reason hit me a few days ago.

I was having my morning coffee before logging into Teams to start working, going through the usual mental routine of “What should I cook today?” — which I’m sure a lot of you do every single freaking day. And then, out of nowhere, something inside me said: Nothing. You’ll cook nothing. Order in. Go out. Do whatever. You just don’t feel like cooking.

And it hit me. Hard.
I didn’t want to cook — not because I don’t have time (I can throw together great meals in minutes), not because I’m missing ingredients (I have two freezers, two fridges, and a pantry that could survive the apocalypse). I just didn’t want to. I just don’t feel like it.

So of course, my brain had to find the reason, because researcher. Why would I suddenly reject something that’s been such a big part of who I am? After some uncomfortable, but useful, introspection, I figured it out:

During the last years of my marriage, my cooking — which has always been part of my love language — got twisted into something that was used to make me feel “not enough.”

Spoiler: It didn’t work, but it did stain something I’ve always loved.

So, I’m not quitting cooking.
I’m redefining it.

Cooking was mine long before my ex existed, but right now it feels heavy.
Something I did for decades to take care of everyone suddenly feels like another chore in an already very long list of chores and I don’t want to do it. Just as I don’t want to clean the millions of leaves in my backyard.

And yes, this may sound petty, but it’s also extremely satisfying: he doesn’t get to eat my food anymore. Ever.

Lately, I’ve been going back to my “first recipes” — the ones from when I was a kid, and a teenager cooking for my friends (with so many mishaps), when I just graduated and would cook for my parents. I’m trying to reconnect with the version of me that cooked for fun, not as part of his perceived wife’s duties.

Once I stopped forcing it, cooking started feeling good again. Not in a dramatic way, just… comfortable. Light. Manageable.

I’m nowhere near the level of cooking I used to do — the complicated, always-new, almost-daily recipes — but baby steps are still steps.

These meatballs are part of that.
They’re from a Williams-Sonoma cookbook collection I bought in 2001 (yes, I was already a grown-up). Back then, I made them for my parents and felt like the fanciest person alive because lamb is not exactly a Mexican staple.

I made them for my kids a few weeks ago and they devoured them. My daughter especially — she has a full-on love relationship with lamb. And because these are small, they’re perfect for them.

Easy. Low mess. Fast. Delicious.
Exactly the kind of cooking that works for me right now.

Hugs,
Maca

 

Mini lamb meatballs

INGREDIENTS

4 servings

1 cup red onion finely chopped

500 gr minced lamb

1 organic egg beaten

1/3 cup breadcrumbs

1 teaspoon paprika

1 tablespoon garlic powder

2 tablespoons fresh chopped parsley

1 teaspoon cumin

Salt and pepper to taste

Olive oil and avocado oil to sauté onion

 

INSTRUCTIONS

  1. Preheat oven at 180C
  2. Sauté onion with the olive oil. Let cool
  3. Mix ground lamb, spices, egg, parsley
  4. Combine everything until integrated
  5. Add sautéed onion and mix
  6. Form meatballs
  7. Place in a baking sheet with silicon mat or parchment paper (you can try frying one to taste and adjust seasoning)
  8. Bake until golden brown
  9. Serve with mint leaves

 

———————————————

Mini albóndigas de cordero

¿Se acuerdan cuando, de 2017 a 2022, posteaba recetas al menos una vez a la semana? Sí, yo también.

Es impresionante cómo cambian las cosas, y llevo meses tratando de entender por qué ya no estoy tan metida en la cocina como lo he estado… básicamente toda mi vida.

Tengo una lista larga de razones bastante sólidas: long Covid (que fue una cosa espantosa), mudarme a Canadá, una crisis familiar gigantesca que duró dos años, y, por supuesto, el final de mi matrimonio. Pero la verdadera razón me llegó de trancazo hace unas semanas.

Estaba tomando mi café de la mañana antes de conectarme a Teams para empezar a trabajar, pasando por mi rutina mental de siempre: “¿Qué quiero cocinar hoy?”, que seguro muchos de ustedes hacen cada bendito día. Y de la nada, algo dentro de mí dijo: Nada. Hoy no vas a cocinar nada. Pide algo. Sal a comer. Haz lo que quieras. Simplemente no quieres cocinar.

Y me pegó. Fuerte.

No quiero cocinar. No porque no tenga tiempo (puedo hacer comidas increíbles en minutos), no porque me falten ingredientes (tengo dos congeladores, dos refrigeradores y una despensa que sobreviviría al apocalipsis). Simplemente no quiero. No tengo ganas.

Así que obviamente mi cerebro tuvo que encontrar la razón, porque investigadora. ¿Por qué, de repente, rechazar algo que ha sido una parte enorme de mi identidad? Después de una introspección incómoda pero útil, llegué a esto:

Durante los últimos años de mi matrimonio, mi cocina, que siempre ha sido parte de mi lenguaje del amor se transformó en algo que se usó para hacerme sentir “no suficiente”.

Spoiler: No funcionó, pero sí dejo un sabor feo en algo que siempre me ha fascinado.

No voy a dejar de cocinar, no puedo.
Voy a redefinirlo.

Cocinar era algo muy mío mucho antes de que mi ex existiera, pero ahorita en esta era de mi vida se siente pesado.

Algo que hice por décadas para apapachar a todos, de pronto se siente como un pendiente más en una lista infinita de pendientes… y no quiero hacerlo. Igual como no quiero limpiar las millones de hojas de mi jardín.

Y sí, puede sonar muy malo de mi parte, pero es profundamente satisfactorio: él ya no va a comer mi comida. Nunca más.

Últimamente he estado regresando a mis “primeras recetas”: las que hacía cuando era niña, y adolescente cocinando para mis amigos (con mil desastres), cuando acababa de graduarme y cocinaba para mis papás. Estoy tratando de reconectar con la versión de mí que cocinaba por diversión y para aprender, no como parte de los deberes que alguien pensaba que debía cumplir una esposa.

Y hace poco, cuando dejé de obligarme, cocinar empezó a sentirse bien otra vez. No de forma dramática, solo… cómodo. Ligero. Manejable.

Estoy lejos del nivel de cocina que tenía antes; las recetas complicadas, nuevas que cocinada todo el tiempo, así que lo veo como baby steps que también avanzan.

Estas albóndigas son parte de eso.

Son de una colección de libros de Williams-Sonoma que compré en 2001 (sí, ya era adulta y sin haber conocido al ex). En ese entonces se las hice a mis papás y me sentí la persona más fancy del mundo porque el cordero no es precisamente un básico mexicano.

Se las hice a mis hijos hace unas semanas y las devoraron. Mi hija en especial tiene una relación de amor muy profunda con el cordero. Y como son chiquitas, son perfectas para ellos.

Fáciles. Casi sin ensuciar. Rápidas. Deliciosas.
Exactamente el tipo de cocina que me funciona en este momento.

Un abrazo,
Maca

 

Mini albóndigas de cordero

Ingredientes

4 porciones

1 taza de cebolla morada finamente picada

500 g de carne molida de cordero

1 huevo orgánico batido

1/3 taza de pan molido

1 cucharadita de paprika

1 cucharada de ajo en polvo

2 cucharadas de perejil fresco picado

1 cucharadita de comino

Sal y pimienta al gusto

Aceite de oliva y aceite de aguacate para saltear la cebolla

 

Instrucciones

  1. Precalentar el horno a 180 °C.
  2. Saltear la cebolla con el aceite y dejar enfriar.
  3. Mezclar la carne molida de cordero con las especias, el huevo y el perejil.
  4. Integrar todo hasta que quede perfectamente mezclado.
  5. Agregar la cebolla salteada y mezclar de nuevo.
  6. Formar albóndigas pequeñas.
  7. Poner las albóndigas en una charola con tapete de silicón o papel encerado (opcional: freír una para probar y ajustar sazón).
  8. Hornear hasta que estén doradas.
  9. Servir con hojas de menta.

Deja un comentario

Like
Close
Copyright © 2022 LEMON & LIMES.
Made with by Loft.Ocean. All rights reserved.
Close
Popular Search:

Discover more from Jengibre y Canela

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading